jueves, 2 de noviembre de 2017

Saber y aprender

Hoy les quiero compartir una reflexión muy personal, muy íntima que hasta el día de hoy pude concretar en palabras, pero que siempre andaba rondando mi cabeza.

La mejor forma de saber si alguien tiene mucho que aprender es cuando esa persona dice que ya lo sabe todo. El proceso de aprender algo nuevo es un ejercicio bonito; requiere que nos despojemos de toda pretensión y dejemos espacio para lo que nos van a decir.

Si partimos de creer que todo lo sabemos o que no ‘hay nada que nos pueda sorprender', será muy difícil que encontremos la disposición para entender lo que se nos enseña. El proceso es tanto personal como social. Tenemos que ser capaces de hacer silencio y escuchar, en nuestros grupos de trabajo, clubes de aficionados, equipos empresariales, gremios, o ciudades.

Tener un título, especialidad, diploma o certificado es algo muy distinto a saber. Existen aquellos que desean los diplomas como mero fetiche o para que les suban varios pesos en el salario (y por varios pesos entendamos que se busca que sea una cifra decorosa), pero nunca estuvieron en el ánimo de aprender. Así como tenemos claro que ‘la licencia no es la que maneja', también ‘el diploma no es el que aprende'.

Aprender es, al final, un ejercicio de humildad, de darle la oportunidad a las otras personas de  enseñarnos sus experiencias, de dejarnos guiar por otros y tratar de incorporar en nuestro pensamiento la forma como los demás solucionaron problemas similares.

Las personas más sabias que he conocido, son a su vez las más humildes a la hora de aprender. Escuchan a todos con sumo respeto y se cuidan en la forma como dan sus opiniones.

La incapacidad de aprender es como una gran capa de ‘antiadherente', que no permite que a uno se le ‘peguen los conocimientos'. Es como no poder ver los colores o escuchar un tipo de frecuencia, como un impedimento que lo deja a uno marginado del futuro.

Si un país está lleno de personas que no tienen la humildad suficiente para aprender, generarán una sociedad ‘inmune al conocimiento', que de seguro la pasará muy mal en una economía basada en innovación.

Esperemos no ser un país así, esperemos que la capacidad de darle espacio al aprendizaje sea una constante en nuestras comunidades, así no tendríamos que sufrir el hecho de quedarnos atrás con respecto a otras naciones.

Sin la capacidad de aprender, estaríamos condenados a ser ‘eternos compradores de cosas creadas por otros', estando para siempre a la merced de la creatividad de otras sociedades, todo por no tener la suficiente humildad para reconocer lo mucho que podríamos aprender.

Estimados doctores, los invito a cultivarse, prepararse, cuestionarse todo lo que sepan todo el tiempo, pero también los invito a siempre tener ánimo y disposición de aprender.

Un abrazo cordial y afectuoso a cada uno de ustedes.

Atentamente,
La administradora

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