jueves, 2 de noviembre de 2017

Técnicas de autopsia en la cavidad oral

Fases de la autopsia en cavidad oral

1. Estudio Externo.

La inspección externa se concentra en el estado de los labios tanto en su cara cutánea como mucosa. Se toman fotografías de frente y de perfil previas a la extracción de los maxilares.

2. Estudio de la cavidad buco-faríngea.

Si la rigidez cadavérica no lo impide se abre la boca todo lo posible para examinar su interior, lo cual es muy raro, ya que por regla general la rigidez cadavérica SÍ impide una apertura de trabajo óptima.
  • Aspecto y color de las encías, cavidad bucal, faringe y órganos anejos.
  • Estudio de las marcas particulares. Estudio de las tinciones si las hubiera.
  • Presencia de prótesis, cuerpos extraños, etc.
  • Estudio general de los dientes. Estado de los órganos dentarios al momento de la inspección.
  • Descripción de las posibles lesiones (mordeduras, etc.).
  • Exploración de la movilidad de los maxilares (fracturas, etc.).
Si fuera necesario se tomarán fotografías y radiografías previas a la extracción de los maxilares.

Extracción de maxilares.

Existen diferentes técnicas según el abordaje y la forma de extracción de losmaxilares. Entre ellas cabe destacar los siguientes métodos:

Método de Luntz o “a libro abierto”

Se realizan en primer lugar dos incisiones profundas en forma de “V” hacia atrás desde las comisuras labiales. Se retraen los tejidos blandos y se liberan las ramas ascendentes de la mandíbula.

Se inserta un bisturí por debajo del ángulo mandibular seccionando los tejidos blandos a este nivel, lo cual permite extraer con facilidad la mandíbula. Posteriormente, se usa una sierra eléctrica para cortar y liberar el maxilar superior. En ocasiones puede ser necesaria la utilización de un cincel para liberarlo totalmente. 

Una variante del método de Luntz, es el método de Carr, con un abordaje similar y en el que la extracción de la mandíbula se realiza mediante el corte con una sierra eléctrica a nivel de las ramas ascendentes, siguiendo una línea paralela a la de oclusión.
El método de Luntz se utiliza con frecuencia en cadáveres carbonizados o en condiciones en las que la retracción de los tejidos blandos dificulta el acceso a los maxilares.

Método de Jakobsen

Se realiza una incisión en forma de herradura de ángulo a ángulo mandibular, por debajo de la base de la mandíbula, hasta el vestíbulo, formando un colgajo facial que puede elevarse exponiendo los dientes. El colgajo puede recolocarse después, preservando el aspecto facial. La extracción de ambos maxilares se realiza siguiendo las indicaciones de Carr.

Se considera un método conservador y poco desfigurante por lo que se utiliza habitualmente en aquellos casos en las que se va a practicar un reconocimiento visual del individuo.


Método de Keiser-Nielsen

Se practica una incisión de cóndilo a cóndilo mandibular, siguiendo el borde interno de la rama ascendente y la base de la mandíbula, en forma de herradura a unos 2 - 3 cm. de la base de la misma.

Se practica una segunda incisión por la superficie externa del cuerpo mandibular, incluyendo el vestíbulo, y seccionando la inserción de los maseteros. Se eleva el colgajo cranealmente observando la superficie externa de ambas arcadas. Se seccionan ambas ramas mandibulares mediante sierra, a lo largo de una línea horizontal, a la altura o ligeramente superior de las caras oclusales de los molares inferiores. También se puede realizar la extracción completa de la mandíbula desarticulándola, seccionando las inserciones de los músculos maseteros, pterigoideos y temporales, así como la cápsula articular del la articulación temporomandibular (ATM). Para la extracción del maxilar superior se practica una incisión vestibular, elevando el colgajo hasta las bases de las órbitas, descubriendo la espina nasal y las aperturas piriformes, serrando a continuación el maxilar a este nivel (Lefort I), cuidando siempre que el plano de la sierra no afecte los ápices radiculares, especialmente a nivel de los caninos.

Autopsia de la cavidad bucal en casos especiales

Existen determinados casos en los que la extracción de los maxilares debe realizarse guardando algunas precauciones por las especiales características en que se encuentra el cadáver.
 
Cadáveres carbonizados

Es probablemente la más compleja por la dificultad de acceder a la boca, ya que a veces es imposible distinguir -especialmente en las combustiones intensas- el área de los ojos, nariz y labios. No es anormal encontrar la boca completamente cerrada, no obstante, y aunque la superficie externa esté completamente quemada, puede encontrase el interior de la boca intacto, ya que la lengua y mejillas han aislado a los dientes y al tejido periodontal del calor.

Los cadáveres carbonizados son friables y se fracturan con facilidad, por lo que es importante tomar registros fotográficos y radiográficos previamente siempre que sea posible. El abordaje suele hacerse siguiendo la técnica de Luntz o “a libro abierto” ya que facilita la visibilidad y en estos casos no se hace necesario conservar la fisionomía.

Es necesario describir todas las incidencias en previsión de la pérdida de información.

Los dientes directamente expuestos al fuego deben ser manejados con precaución por su fragilidad. Las obturaciones se ponen en evidencia raspando con una sonda cuidadosamente ya que la evaporación del mercurio por el calor puede entrañar una desintegración en polvo de la obturación al rasparla. También hay que raspar las superficies de restauración con oro, ya que pueden estar amalgamadas con el mercurio liberado.

Cadáveres en avanzado estado de putrefacción

En los cases de cadáveres en avanzado estado se descomposición es importante una protección adecuada para evitar la contaminación y los olores desagradables.

Las técnicas empleadas para la extracción de maxilares dependen del grado de descomposición que presente el cadáver. Normalmente la mandíbula se desprende con facilidad, y la resección de los tejidos blandos del maxilar es sencilla, aunque siempre habrá que serrarlo.

 Bibliografía:

 Correa Ramírez Alberto Isaac, Estomatología forense, Editorial Trillas, México, 1990, pp. 56-57.

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